Esta idea surge con la intención de crear un espacio en el que mi dimensión interior sea capaz de materializarse y, como consiguiente, visibilizarse. No pretende basarse es una estructura fija ni en un tema concreto, sino permanecer en continuo cambio y evolución.
Será el día más triste del año. Caerán cenizas de mis ojos para nadar en los charcos. No habrá nadie en las calles. Se escuchará más fuerte que nunca el silencio. Me acompañará una canción que se repite. Será lineal, como ese recuerdo que siempre te acompaña, que nunca cesa.
Me gusta el sonido de su voz tímida y cómo sus palabras se dejan entrever, se despliegan en sus labios y se evaporan cuando despegan sin firmeza. Sus mejillas se sonrojan y queda envuelta en una ráfaga de misterio que me atrapa a mí también. Me gusta cuando, en el vacío, su mirada se vuelve cálida y ella se convierte en reto. Camina serena y se muestra secreta mientras yo trato de descubrirla, leerla y comprenderla. Siempre que la observo atentamente me doy cuenta de pequeños detalles que no había percibido y que la hacen más bella. Entonces yo me alegro de no conocerme demasiado porque no encuentro motivos para no amarla.
Me tragué las palabras que sabía que no querrías escuchar más. Y no, no es que el olvido haya borrado tu recuerdo, ni que el tiempo haya cambiado este amor que me acompaña bajo la piel. Todo permanece intacto en el interior, como si se hubiese congelado después de eso, pero sin ser frío. Me tragué las palabras para traducirlas desde dentro y hacértelas llegar de algún modo. Bailarte un "te quiero" de cuatro minutos que, aunque no entiendas, te remueva por dentro. Que lejos de comprenderlo, sea como lluvia sobre tierra. Porque sí, esto no ha sido más que lo que me dejó la lluvia aquel día.
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